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Revista Ojo  Revista de espíritu joven | Periodismo, arte, cultura digital y creatividad | Caracas - Venezuela

http://revistaojo.com/2017/04/28/asi-asesinaron-a-juan-pablo-pernalete/

#JóvenesInformados: A Juan Pablo Pernalete lo asesinó un Guardia Nacional. En ello coinciden todos los testimonios recogidos ayer en Altamira, donde se llevó a cabo un homenaje simbólico en su memoria. “Lo puedo jurar por mi vida, porque yo lo vi”, dice Elios Jaspe, testigo directo de la muerte del estudiante de la UNIMET. Lo mismo aseguran otros dos manifestantes que se encontraban en el lugar: “Allí no habían efectivos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Sólo Guardias Nacionales”. De ese modo desmienten la versión dada por Diosdado Cabello en su programa de televisión, en el que aseguró que en ese momento no había efectivos de la Guardia Nacional en Altamira.
“La diferencia es que Diosdado estaba cómodo en su casa, mientras nosotros estábamos aquí en la calle. Yo lo vi”, replica Jaspe, estudiante de la Universidad Santa María. Su testimonio es el más esclarecedor de todos, ya que se encontraba cerca de Pernalete cuando lo asesinaron. Para ese momento, ya los manifestantes de la marcha opositora, que había comenzado a ser reprimida en El Rosal, habían desalojado la autopista Francisco Fajardo por el Distribuidor Altamira. La mayoría se encontraba en la Plaza Francia.

Cuadras más abajo, un grupo de jóvenes se enfrentaba a la Guardia Nacional en las avenidas Sur Altamira y Del Ávila (San Juan Bosco y Luis Roche, se llaman, respectivamente, de la Francisco de Miranda para arriba). El grueso de los jóvenes estaba en la Sur Altamira, que es donde usualmente se suele concentrar el mayor número de ellos. Pernalete y Jaspe estaban en la Del Ávila. [Puedes continuar leyendo el texto en nuestra web. Link en bio]

#Crónica, por @eaa1717

Aunque tres fueron los oradores (Ramos Allup –AD-, Guevara –VP-, Márquez –UNT-), el verdadero protagonismo lo tuvieron los dos primeros, siendo Freddy el mejor de todo. El problema de Ramos Allup (que subió aclamado y con el buen augurio de un ‘Henry te amo’, gritado por una espontánea) fue que estuvo muy teatral y exaltado (con manotazos al podio y todo). Soltó un ‘carajo’ y un ‘coñazo’ innecesarios y llevó la emoción a un extremo en el que esa voz de Rómulo  reencarnado comenzó a fallar. De sus infaltables (y sabrosas) criolladas, fueron ‘marrajos’ y ‘trapizonadas’ las que se le escucharon en el discurso, en el que no se ahorró adjetivos con nada ni nadie: Chávez (“culillúo visceral”), Maduro (“mermado de Miraflores”), la reserva (“esa tropa cómica y ridícula”), Tarek (“ocioso que defiende a todos menos al pueblo”), TSJ (“burdel judicial”). ¿El núcleo de su intervención? Que ‘la salida’ tiene que ser electoral y no militar; con votos y no con balas. [...] Tras la pausa de los saludos, llegó el turno de Freddy Guevara, quien pronunció ayer uno de los mejores discursos de su carrera y el mejor de la jornada. El Vicepresidente de la AN se creció y habló con una fuerza y una convicción tremendas. Sin ser precisamente un gran orador de tribuna y sin ser un mago de la retórica ni tener un montón de licencias y recursos bajo la manga, Freddy consiguió conectar y conmover a la gente, a la que constantemente interpeló. “Pueblo de Venezuela, ¿nos vamos a cansar? ¿nos vamos a rendir?”, preguntó al público, que siempre le respondió. El “¿se puede o no se puede?” es ya casi su grito (o pregunta) de guerra y tiene en la masa un poder enorme. Su discurso se centró en el llamado a la calle y a la resistencia (cosa previsible): “Si el  pueblo no tiene paz, que no haya paz para la dictadura”, dijo parafraseando a Emiliano Zapata, en la que fue una de sus frases más aplaudidas. [Puedes leer la crónica completa en nuestra web. Link en bio]

#Crónica, por @eaa1717

VI

A Daniel (nombre ficticio) llego por la gran lesión que tiene en el brazo, y es en principio sobre ella que lo entrevisto. Tiene 23 años, y esto es, nuevamente, lo único que accede a revelar, para no comprometerse. -¿Qué fue lo que te pasó en el brazo? -Eso fue en la marcha del 19 de abril. Ese día la gente entró en pánico porque los Guardias vinieron pa’lante a reprimirla y ellos no podían echar para atrás. Nosotros estábamos adelante defendiendo la marcha y nos empezaron a disparar directamente las lacrimógenas. Lo hacían para lastimar y no para dispersar. Y me dispararon al brazo. Si me hubieran dado en la cabeza, me hubieran matado: tengo el brazo fracturado en 5 partes, y además me agarró una vena. No me desangré de milagro. -¿Te dispararon qué? -Una lacrimógena. Fue mandada directamente, a quemarropa prácticamente. -¿En la autopista Francisco Fajardo? -Sí. En la Fajardo en la marcha del 19 de abril. -¿Estabas en el nivel de arriba o en el nivel de abajo? -Me dispararon de arriba. Yo estaba en el nivel de abajo, y de arriba me dispararon. Y quien mandó a que me dispararan fue el General de ellos, uno que siempre anda con una capucha, un sweater negro y unos lentes de sol. -¿De la PNB o de la Guardia Nacional? -De la Guardia Nacional. -¿Y no te da miedo seguir protestando después de eso? -No. Si hay que morir nosotros estamos aquí para meter el pecho. -¿Qué dice tu familia? -Mi familia está fuera del país y no me puede decir nada. Yo soy el único que está aquí. -¿Y pudiéndote ir no te has ido? -Yo no me voy a ir hasta que este peo no acabe. Si este peo acaba, yo me voy. Y me voy tranquilo. Pero hasta que este peo no acabe yo no me voy a ningún lado. Voy a luchar hasta que me maten. -¿Sabes que acaba de morir un estudiante de la UNIMET de un impacto de lacrimógena? -A él lo mataron ahorita, porque le dispararon de frente. Yo estaba allí. Y fue de frente que le dispararon. [Puedes leer el texto completo en nuestra web. Link en bio]

[Fotos: Reuters]

#JóvenesInformados: Una cédula que empezaba en 25 millones y apenas 20 años de edad tenía el estudiante universitario Juan Pablo Pernalete, asesinado la tarde de hoy en Altamira por la Guardia Nacional Bolivariana. El impacto de una lacrimógena en el pectoral izquierdo (contusión en el tórax, dirá el informe forense) fue la causa de su muerte, y se corresponde con una modalidad represiva (y criminal) que están usando tanto la GNB como la PNB: disparar de frente y a quemarropa las bombas lacrimógenas. Pernalete había participado en la manifestación opositora que por sexta vez intentaba llegar a la Defensoría del Pueblo para pedirle a Tarek William Saab el pronunciamiento que hace falta para destituir al pran Maikel y a su “tren” de magistrados delincuentes que disolvieron la AN. Dicha manifestación, tras ser duramente reprimida en la autopista Francisco Fajardo, desembocó nuevamente en Altamira, donde un grupo de manifestantes continuó protestando. Fue allí que Pernalete recibió el mortal impacto. Según informó el alcalde Ramón Muchacho, ingresó ya sin signos vitales a la sede de SaludChacao casi a las 3 de la tarde (otras dos personas también fueron atendidas allí por impacto de lacrimógena en el tórax). Su asesinato eleva a 29 el número de muertos que ha habido en las protestas. Paralelamente, el Consejo Permanente de la OEA, con 19 votos a favor, 10 en contra y 4 abstenciones (entre ellas la de El Salvador, hasta hace nada muy fiel a la revolución) convocó a una reunión de cancilleres para tratar el tema Venezuela, lo que llevó a la Canciller Rodríguez a anunciar que Venezuela iniciará los trámites para salirse del organismo, proceso que tarda 2 años. Mañana, la MUD convocó una sesión de la AN en la calle, que tendrá lugar en Parque Miranda (Dos Caminos) tras la cual se dirigirán a Altamira, al lugar donde fue asesinado Pernalete.

#Crónica, por: @eaa1717 [Foto: El Pitazo]

I

Las últimos restos de dos porros de marihuana eran compartidos y consumidos con avidez por siete encapuchados (cinco varones y dos hembras) que agrupados en círculo escuchaban el tercer sermón de la jornada. Se los daba un hombre de esos a los que el marketing calificaría de adulto contemporáneo, quien les decía que él encantado, mucho más que cualquiera de ellos, estaría lanzando piedras como tantas veces lo hizo en la universidad, pero que ya el brazo no le llegaba y, aunque fuera el caso, no era de ninguna manera el momento, porque en esa actividad que se estaba llevando a cabo en la autopista Francisco Fajardo desde hacía cuatro horas no tenían lugar las capuchas, las piedras, las molotov y las barricadas, ya que se trataba de algo pacífico.

Sería acaso el efecto relajante del THC, que ya estaban hartos de escuchar lo mismo o que simplemente no le estaban prestando atención, que ninguno gastó saliva en responderle. No tendría tampoco mucho tiempo el buen hombre para sentirse lacerado por la indiferencia, ya que uno o dos minutos después harían aparición, en el distribuidor Ciempiés de la autopista, varias bombas lacrimógenas disparadas por un contingente de la PNB, con la consiguiente estampida de personas hacia el Distribuidor Altamira. Eran casi las 3 de la tarde y todo parecía indicar que la tranquilidad con la que se había llevado a cabo desde las 10 de la mañana el Plantón de la autopista iba a llegar a su fin. [Puedes leer la crónica completa del Plantón del #24A en nuestra web. Link en bio]

#Crónica, por: @eaa1717

VI

El Paraíso nunca le hizo tanto honor a su nombre como cuando la marcha salió del barrio y entró en la urbanización. El alivio al verse entre edificios y avenidas nuevamente fue notorio y vino inmediatamente seguido por el gozo de seguir caminando Municipio Libertador adentro. Sería, sin embargo, en Montalban donde se desataría el júbilo. Como auténticos héroes que hubieran librado una batalla crucial, vencido y traído el ansiado botín, así  fueron recibidos los manifestantes. Las calles de la urbanización eran un pasillo humano en el que se les felicitaba, aplaudía, aupaba, mimaba, animaba y consentía. “Bienvenidos al oeste”, “¡sí se pudo!”, “¡esta también es su zona!”, “¡somos la misma gente!”, fueron algunas de las consignas con las que se derribaba la división artificial impuesta durante casi dos décadas de revolución. “¿De dónde vienen?”, preguntaba la gente, y mientras más lejana la zona (Chacaito, Altamira, Los Ruices) más fuerte los aplauso. “¿Tienen sed?”, inquirían otros vecinos, que habían bajado dos botellones de agua para darles a los manifestantes. La escena se repetiría durante lo que quedaba de trayecto. Los ladrillos divisionistas de ese muro ideológico iban cayendo uno a uno. [Puedes leer completa la crónica de la marcha del sábado en nuestra web. Link en bio]

Las fotos son de Reuters y capturan algunos de los momentos más significativos de la singular y silente marcha opositora que por fin, tras varios años, pudo ingresar al Municipio Libertador, secuestrado y convertido en ghetto por alcalde Jorge Rodríguez. Esta vez no hubo represión, aunque sí tensión. La PNB y la GNB dejaron pasar (por la ruta que ellos quisieron, eso sí, y no la original) a los manifestantes, cuya larga marcha, de aproximadamente 14 kilómetros, estuvo encabezada por los principales dirigentes de la oposición y una cruz de madera. "Bienvenidos al oeste" y "Sí se pudo" fueron las consignas con las que los habitantes de esas zonas recibieron (cuales auténticos héroes) a los manifestantes. En la sede de la Conferencia Episcopal, punto final de la marcha, los dirigentes hicieron un llamado a seguir en la calle, pidieron planificar y organizarse para el gran trancazo del lunes, y, sobre todo, hacer oídos sordos a una bola puesta a correr por la dictadura, según la cual toda la paz de hoy habría sido negociada a cambio de elecciones. "Pura paja. La resistencia sigue", explicó Freddy Guevara.

#Crónica, por: @eaa1717

I

La incandescente parábola de una molotov ardiente que surca el aire, el sonido frágil del cristal que estalla, la etérea gran llama que por el suelo se propaga, ello fue lo que llevó a la Policía Nacional Bolivariana a la acción. Eran aproximadamente las 3 de la tarde del jueves 20 de abril, y durante más de una hora la PNB había estado conteniendo, en la Avenida Tamanaco de El Rosal, a uno de los varios grupos en los que se dividió la marcha opositora de ese día, luego de que fuera reprimida en su enésimo intento de ingresar al Municipio Libertador para dirigirse a la Defensoría del Pueblo.

No era un grupo muy nutrido el que se encontraba allí enfrentando (frenteando lo llaman ellos) a los PNB, compuesto casi en su totalidad por jóvenes con el rostro oculto con franelas, y piedras en las manos. No era, tampoco, un grupo de grandeligas de brazo portentoso y alcance formidable: las piedras, en su mayoría, terminaban a mitad de camino, a una distancia considerable de los efectivos. “Demasiado alto el tiro”, habría sentenciado cualquier narrador de pelota sobre la ejecución de estos jardineros de técnica mejorable. Pero la verdad es que la distancia era grande y el otro equipo jugaba con ventaja: más que las escopetas, tenían una tanqueta (rinoceronte la llaman) capaz de sacar las bombas del parque (entiéndase: arrojarlas a dos y tres cuadras de distancia). Y de a cinco. De allí que el enfrentamiento, rutinario por demás (bombas cada 15 minutos o cuando la piedra de algún temerario que se acercaba lo suficiente les llegaba cerca), se prolongara tanto.

Con la molotov, sin embargo, fue diferente. Apenas caer la primera...[Puedes continuar leyendo la crónica en nuestra web. Link en bio] lo

#JóvenesInformados: Noche de desorden en Caracas, que se vio sacudida, en varias zonas del oeste, por una serie de violentos disturbios que incluyeron saqueos. Fue pasadas las 8 PM cuando desde las redes sociales comenzaron los usuarios de El Valle, la Avenida Victoria, Baruta, La Candelaria y Petare a reportar detonaciones por sus zonas. La GN y la PNB se hicieron presentes, y los reportes, entonces, comenzaron a hablar de enfrentamientos hasta bien entrada la madrugada. ‘¿Qué pasaba?’ era la pregunta que todos se hacían y a la que nadie podía responder a ciencia cierta. Mucho menos cuál fue el detonante o móvil de estos hechos, que mantuvieron insomne a parte importante de la capital. Lo cierto es que hubo un problema grave de orden público, que obligó, incluso, a Freddy Bernal (el hombre del Caracazo) a hacer una transmisión, pasada la 1 de la madrugada, vía Periscope, y llamar a la calma a sus compatriotas, indicándoles que ya todo estaba controlado. Fueron horas tensas, que dejaron un saldo de varios comercios saqueados y al menos 12 muertos, según un reporte de El Estímulo. Dice la información del portal web, que en El Valle fueron 20 los comercios atracados y 11 los muertos, 8 de ellos electrocutados a causa del cerco de seguridad que había en una panadería que intentaron tomar; el otro fallecido fue en Petare. De acuerdo con información del diputado Olivares, al Hospital Universitario llegaron 8 pacientes heridos de bala. [FOTO: El Estímulo]

[Foto: @fortunecris - EFE]

#Crónica, por @eaa1717 :
II

Fue una detonación fortísima, que sonó como debería sonar un trueno en el apocalipsis, la que anunció que se venía la catástrofe. De repente, y a muy pocos metros, estaban unas bombas lacrimógenas rociando su gas químico. La situación, que empezó siendo confusa porque no se sabía de dónde venían, se volvió apremiante cuando la aglomeración de gente impidió que se pudiera no ya correr sino siquiera avanzar, y terminó siendo aterradora al ver que en el piso de arriba de la autopista, a muy pocos metros y andando, estaba el rinoceronte disparando bombas que caían abajo.

Nunca tuvo tanta razón Sartre como en ese momento: el infierno eran los otros. La autopista era una gigantesca aglomeración de gente, que no permitía salir de allí. Y las bombas iban cayendo entre ella, en medio de ella. Y cuando caían, no había para donde correr, no había para donde escapar, no había como respirar. Sólo empujar hacia adelante y gritar. En medio del sofoco, el gas se concentraba y las personas caían asfixiadas. Voltear estaba prohibido: lo que se veía era el desespero en los rostros de los últimos, al rinoceronte acercarse arriba y las bombas caer más cerca. Sólo quedaba empujar, empujar y empujar. Abrirse paso. A como diera lugar. Con todas las fuerzas. Con gritos y detonaciones en la espalda, que cada vez se escuchaban más cerca. Con la angustia de tener personas mayores al lado. Con la preocupación de las madres que intentaban proteger como podían a sus hijos. Con la zozobra del grupo que en un descuido había perdido a uno de sus integrantes y gritaba su nombre a todo pulmón sin obtener respuesta ni poder hacer nada. Con el vapor caliente que subía del asfalto y se unía al sudor de lo que estaban allí. Con el tufillo picante a lacrimógena que de repente traía el aire. Con la tentación suicida de lanzarse al Guaire. Empujar, empujar y empujar. Sin ver para atrás. Pero sabiendo que el rinoceronte se acercaba. Escuchando la detonación cada vez más cerca. Empujar, empujar y empujar, esperando en cualquier momento la caída de la lacrimógena. [Puedes leer completa la crónica de la marcha del #19A en nuestra web. Link en bio]

Ni las bestiales amenazas vertidas por la dictadura en su todopoderoso y omnipresente sistema de medios, ni las armas prometidas por el dictador a medio millón de sus camisas pardas, ni las intimidantes advertencias del teniente Cabello (“sabemos dónde viven”), nada de ello pudo impedir que el pueblo de Caracas se lanzara hoy en masa a manifestar su descontento. Fue una de las jornadas de calle más grandes que se han visto (y vivido) en nuestra historia reciente. Por millares que probablemente se puedan contar en millones, la gente, con un valor y una entereza encomiables, salió a las calles. No hubo lugar para el miedo ni tampoco para la cobardía. Jóvenes, adultos y ancianos, gente de valía y con valor, dignos e íntegros, retaron con su presencia en la calle a la dictadura. Se le plantaron. Y fueron, claro, reprimidos brutalmente. En una autopista a reventar, los cuerpos de seguridad de la dictadura lanzaron bombas a granel, que cayeron en medio de una multitud que no tenía para donde (ni cómo) escapar. Angustia y desesperación se vivieron en la Francisco Fajardo este mediodía. De allí que tantos optaran por el Guaire. El número de asfixiados fue grande, y el de heridos también. Pero ese condenable horror por el que algún día pagarán no pudo opacar un hecho irrebatible y verdaderamente importante: teniendo todo en contra para no hacerlo, la gente salió y aguantó en la calle. Mañana, a la misma hora y desde los mismos puntos, la oposición convocó al pueblo de Caracas a dar otra demostración de coraje y valentía. No es épica barata ni son adjetivos gratuitos: es que, aunque la frustración que produce el no ver resultados concretos e inmediatos puede nublar el juicio, cada jornada en la que jugándosela la oposición reta a la dictadura en la calle tiene un mérito (y un valor) tremendos, de los que algún día hablarán los libros. Paciencia, queridos lectores: resistencia es la palabra de esta hora difícil, y es una palabra larga. [Fotos: Agencia EFE]

#Editorial: Si serán determinantes las próximas horas o si de ellas se escribirá en los libros de historia son cosas que escapan a nuestra ciencia. Pareciera que hoy pudiera pasar mucho y puede que no termine pasando nada. Nada concluyente, queremos decir. Acabar con la dictadura es algo que (desgraciadamente) no está ni en nuestras manos ni en las tuyas; pero impedir que la dictadura acabe con nosotros, sí.

Durante los últimos días, y especialmente en las últimas horas, hemos visto al dictador y a sus hombres jugar sin disimulo con la carta del miedo. Matones a fin de cuentas (cartel, dicen algunos; mafia criminal, otros), amenazan con las armas y por la vía de la fuerza. Y ante ese espectáculo de muerte, transmitido en cadena y por todos los medios, es legítimo (y hasta lógico) tener miedo. Pero es imperativo sobreponerse a él. Porque si no lo dominas, te domina; y al ser dominado pierdes esa cosa preciosa e indispensable para una vida digna: la libertad.

Salir a la calle hoy, poner un pie en ella, es un acto tremendo de coraje, valor y rebeldía, pero sobre todo de dignidad. Es reafirmar que somos nosotros (y no un gordo bigotón semi-analfabeto y su banda de delincuentes) los dueños de nuestras decisiones y acciones, de nuestra vida.

Al hacerlo, puede que no acabemos directamente con la dictadura, pero habremos impedido que ella nos domine; es decir, que acabe con nosotros. Y esa es la gran victoria que podemos (y tenemos que) alcanzar hoy: la de reivindicar nuestra libertad. Si viniera acompañada del fin del proceso, tanto mejor. Pero dejémosle a la historia ser la historia. Nosotros, hagamos lo que debemos: salgamos a la calle a desafiar a la dictadura y a dejarle en claro que no nos asusta, que no nos domina, que no nos controla; entiéndase: que no somos (ni seremos) sus esclavos.

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