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@meryturiel  Aquí compartiré fragmentos y textos de mis autores favoritos. Espero que disfrutéis y me conozcáis mejor a través de lo que me emociona 🖤 @meryturiel

Ella es un huracán de verano capaz de volar por los aires mis planes, mis miedos y de hacerme olvidar hasta mi nombre. Ella es una mirada magnética, de esas que te hacen poco a poco caer en su red y sentir que no hay mejor lugar que entre sus piernas. Ella es pura belleza y eso que lo que se ve es solo una pequeña muestra de lo que guarda en su interior, de lo que ves solo cuando la desnudas de corazas. Ella es un viernes por la tarde, el viento del sur golpeándome en la cara, labios con sabor a sal, arena en la piel, melenas al viento y la sonrisa perfecta. Ella es el remedio contra los domingos eternos y aburridos, el mejor plan posible, el único plan de mi vida con nombre propio y del que nunca me cansaré. Ella es mi todo sin ser nada mío, sin entender de normas ni leyes, salvaje y bestial, pero a la vez tierna y cariñosa. Ella. Solo ella. Siempre ella.
@ultimodia

Ella trae el rock&roll dentro
y la poesía en los labios.
No te sonríe, te lanza balas, y mueres tan bonito, que no distingues si caes, o si te brotan alas.
Texto Efrén Gutiérrez

Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah. Pero tú aguanta.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.
Texto @ristomejide

Las niñas queríamos ser princesas. Porque, desde pequeñitas, nos pusieron coronas, vestidos de tul, ropa que no nos dejaba jugar, porque no la podíamos manchar. Nos dijeron “qué niña más guapa” tantas veces, que nos creímos que era lo que importaba. Y nos chutaron dosis diarias de príncipe azul, y así nos hicimos yonkies del amor, y aprendimos a necesitarlo para vivir. Las princesas son guapas, están asustadas y se enamoran del primero que las salva. Y nosotras aprendimos a ser como ellas. Aprendimos a obligarnos a ser guapas, que significa fracasar eternamente en intentar parecerles guapas a los demás. Aprendimos a esperar a que el príncipe azul nos solucionara la vida, que significa construir nuestra existencia en torno a la idea de conseguir y mantener una pareja, y a sólo así sentirnos completas. Aprendimos que estas dos cosas eran una pelea, que significa sentirnos amenazadas por todas las mujeres que nos rodean, no vaya a ser que sean más guapas, o que su torre le pille al príncipe más cerca. Aprendimos a querernos poco, y sólo a costa de lo que nos quisieran otros. Quedaos con mis vestidos de tul, mi príncipe azul, mi espejo y mi corona. Quedaos con mis complejos, mis miedos, mis vacíos y mis celos. Quedaos con todo eso que me habéis impuesto, que no lo quiero. Porque necesito sitio para las botas, los libros, los cuchillos, los vasos. Para los bolis, las fotos, los bocadillos y mis cuentos. Para bailar, correr, descansar y tirarme en la hierba a ver pasar el cielo. Para mis sueños, mis desastres y mis deseos. Para fracasar y empezar otra vez con mis proyectos. Para mis amigas, mis ligues, mis mujeres admiradas y mis no quieros. Para mi vida, al margen de lo que me aprendieron. Quedaos con mi reino. Que a mí me hace falta sitio para el mundo entero 🤘🏻 Texto Blog Lila

Santander, último día frente a su mar. De repente, han llegado sonrientes, padre e hijo, con todo su corazón a cuestas. El peso de la arena, la silla de ruedas y el sofocante calor no han sido una barrera para que el padre llevase a su hijo a disfrutar de la belleza del mar. Tras darle una gelatina, le ha acercado hasta la orilla, le ha tomado en brazos y se han bañado juntos. Solos frente al resto del mundo, libres e infinitos para quererse sin miedo a la mirada hiriente del que no conoce el amor. No han parado de reír, a carcajadas de vida, sobre caricias sin papel. Después del baño, más abrazos, besos ruidosos, cosquillas, sonrisas desnudas y la escena más bonita del mundo: La Piedad encarnada en dos miradas que se aman. Moraleja: al final, lo más especial de mis vacaciones no me esperaba en un papel por escribir, ni en un lugar por visitar, ni en el susurro de mi querido mar. Estaba en un padre y en un hijo que, sin ellos saberlo, me han enseñado que AMAR, aunque a veces duela, SANA las cicatrices del ALMA.
Texto Carlos González García

El resto del mundo no se da cuenta de que cuando sonríes para disimular que todo va bien, te sientes como un invierno en pleno agosto.

Texto @defreds

“Y estés donde estés acuérdate que un día de sol, de lluvia, de viento... que un día te cruzaste conmigo y que fue 1 minuto, 2, 3, 2 horas, 4 meses... pero que un día te cruzaste conmigo.
Acuérdate que te grité, que te besé, que te ayudé, que te insulté, que te invité a conocerme, que te dije adiós, que tomamos un café, que te saqué una foto, que bailé contigo, que te sonreí, que te miré mal, que te di la mano y agaché la cabeza, que me gustaste, que te odié, que te quise, que hubiera apostado por ti, que te creí, que te abrí la puerta del portal, que te cerré la de mi casa, que te hice reír, que me hiciste llorar, que te hice llorar, que me hiciste reír, que cruzamos miradas, que pusimos en común los sueños, que destrocé tus expectativas, que tus ojos me dejaron desarmada, que te marchaste, que me confundí al llamarte, que intenté olvidarte, que me acuerdo de ti más noches de las que debería... pero es que todo eso se resume en que un día nos conocimos.”

“El amor es demasiado bonito para esconderlo en un armario ❤️🧡💛💚💙💜”

Que no te cuenten milongas. Ni regalos, ni aniversarios, ni siquiera el mejor polvo sobre la mejor cama. El amor del bueno se demuestra sólo en tres momentos clave: en el fracaso, en la enfermedad y en el perdón. Todo lo que no sea esos tres momentos, es todo mentira. Autoengaño emocional. Facilidad de cariño. Un quererse mientras nos sea cómodo. El fracaso y la enfermedad vienen, normalmente, solos. No hace falta ir a buscarlos a ningún sitio. Son las hostias que te da la vida sin que las pidas, y muchas veces sin que ni siquiera las merezcas. La única ocasión que depende de nosotros de alguna forma es el perdón. Perdonar es la única actividad que nos hace amables, es decir, seres dignos de ser amados. Perdona pero perdona de verdad. Quien no perdona no ama. Quien nunca ha sido perdonado aún no tiene seres queridos. Y quien no sabe perdonar, aún no sabe lo que es querer de verdad. Perdona pero perdona hasta el final. Que cuando hablo de perdonar, no me refiero a pronunciar simplemente un 'te perdono'. No. Eso es maquillaje moral. Bienquedismo social. Eso es sólo el principio de un proceso que quieras o no, va a durar lo que los dos os tardéis en recuperar. Porque el perdón de verdad queda lejos de un borrón y cuenta nueva. Perdona pero perdona lo que haga falta. Es que en esta vida serás tan grande como el perdón que hayas sido capaz de otorgar. Así de claro. Tal cual. Perdona pero perdónalo ya. Y ojo que no se trata de pretender que aquí no ha pasado nada. Aquí ha pasado y mucho. Nada más triste que tener que olvidar. Perdonas cuando esto que ha pasado, lejos de separarnos, nos ha unido más. Perdona pero sobre todo sé perdonado. Porque ser perdonado es el otro gran chute de energía vital. Notar que no existe una segunda oportunidad, porque ésta vuelve a ser la primera. Creer en lo que se había construido antes de cagarla. Y ser consciente de que puede que nos volvamos a equivocar. Es el hoy por ti mañana por mí de las relaciones humanas. Y por último, perdona a quien haya que perdonar. Piensa siempre que la alternativa es ir por la vida pidiendo permiso. Y eso, como todo el mundo sabe, sí que es una cagada monumental. @ristomejide

Me he enamorado. Me he enamorado de su mirada cristalina. De la forma en la que se muerde el pelo cuando cree que nadie la está viendo. Y de cómo se empapa del sol como si fuera un habitante de Alaska. Sí. Estoy loco por sus imperfectas rutinas de belleza. Se me acelera el pulso con sus muecas. Y cuando se pide una hamburguesa extra grande sin remordimientos. Me encanta imaginar qué quieren decir sus tatuajes diminutos. Hundir mis dedos en su melena para perderme en ella y envidiar a todo el que le hace reír. Su risa. Esa risa. Suspiro por sus caladas furtivas en la noche. Sus bailes repentinos y sus zapatos pensados para dejar huella. Me hipnotiza cómo hace bailar el azúcar de su café con leche y cómo intenta luchar contra el sueño en el sofá. Esa siempre es una batalla perdida. Me fascina la forma en la que devora los libros y cómo se escapa al cine sola. Definitivamente ha llegado el momento de decirlo. Me he enamorado. Doctor, ¿tiene cura? Porque si la tiene, no quiero saberlo.
Texto Marita Alonso @gigi_vives

¿Quién no ha subido nunca a la cornisa de las cosas imposibles? ¿Quién no ha palpado jamás el vacío de un por qué no? ¿Quién no ha sentido el precipicio de las cosas que algún día juró no hacer? ¿Quién no se ha visto en el espejo de un "me da miedo", de un "ya nos veremos", de un "quédate hoy"? Que levanten la mano y escondan la piedra. Que madruguen si les ayuda, que Dios les pille confesaos.

Estas letras miopes sobre líneas retorcidas quieren rendir mi humilde homenaje a todos aquellos que alguna vez se han dejado la piel por dejarse llevar, a todos los que mandaron su razón a la mierda y lo hicieron de todo corazón, a los que ya no encuentran porque se lo han buscado, a los que prefieren vivir de esta manera antes que irse muriendo de cualquier otra, a los que eligen desterrarse de toda estabilidad y exiliarse de cualquier cosa parecida a la comodidad. Hedonistas por encargo, suicidas a domicilio, inquietos por vocación. Un ole para todos y cada uno de ellos. Un aplauso de parte de cada uno de mis poros.

Malos tiempos para ser incoherente, impulsivo, espontáneo. No es muy maduro eso de llevarse la contraria a uno mismo. No queda bien intuir en lugar de razonar. No parece inteligente tener corazonadas y sentir en consecuencia. Siempre aparece una Wendy Pan dispuesta a recordarte que igual Nunca Jamás valió la pena. Siempre hay una mirada condescendiente deseándote suerte... otra vez.

Pues mira, tú haz lo que quieras, pero yo me niego. Me niego a que conceptos como pasión, taquicardia y enamoramiento, estén mal vistos sólo por efímeros, transitorios o coyunturales. Me niego a creerme que los que renuncian a ellos y duran mucho tiempo son más felices, ríen más y sufren menos. Que tanto descalabro sentimental a nuestro alrededor igual es síntoma de que hay algo que no funciona. Que el que no engaña, está a punto de hacerlo, y el que no, es porque le da pereza, y que Barbie hace tanto tiempo ya que no lo hace con Ken que hasta se le olvida de fabricarse con vagina.
Como alguien escribió alguna vez, cuando habla el corazón es de mala educación que la razón le contradiga.
Y de muy mal gusto, añadiría.

Risto Mejide.

Hace unos días que estoy leyendo un libro que me ha hecho reflexionar sobre un tema y plantearme una pregunta: ¿está bien no estar bien? Creo que todos tenemos algunos momentos de “bajoncillo” en los cuales estás un poco desanimado o triste y no encuentras un motivo. O tal vez sí sabes que te pasa pero en el fondo sabes que no es algo tan grave como para estar así. Alguna vez me he sentido mal por estar un poco triste. Tengo una familia que me quiere, unos amigos maravillosos, trabajo, salud...todo lo que necesito para ser feliz sobre el papel. Y lo soy. Mucho. Pero todos tenemos días tristes. ¿Está mal sentirse así? No lo sé...lo único que creo es que todos los sentimientos son necesarios. No sabríamos apreciar el amor de la misma forma sin haber vivido un desamor. La amistad se aprecia más cuando alguien que creías tu amigo te ha fallado alguna vez. Y lo mismo pasa con la felicidad y la tristeza. Estar mal nos ayuda a querer mejorar. A pelear por volver a estar bien, a evolucionar, a cambiar. A querer la alegría y luchar por mantenerla cuando está de vuelta. Yo aprendí hace mucho a respetar cómo me siento, a no juzgarme y a escucharme. Que si estoy triste un día no pasa nada. Que si estoy muy feliz sin tener ningún motivo tampoco pasa nada. Desde entonces, como dice una frase que me encanta “no soy feliz todo el día, pero sí todos los días”. 🖤 texto Mery Turiel

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