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Maca 

Que el miedo nunca pueda contigo. En ninguna situación. Que tenemos unas alas cojonudas. Lo que suele fallar son las ganas de echar a volar. Que tus pies nunca dejen de pisar la tierra, pero que tu cabeza suba hasta la luna. Vuela tan alto como quieras, pequeña, y no temas aterrizar. Deja atrás las cosas que te pesen, que serán las que inutilicen tus alas y vuela, vuela alto. Olvida a las personas que te enjaulan y arrímate a aquellas que te hacen estar en el cielo. Y si te caes, recuerda que tienes derecho equivocarte tantas veces como quieras, tantas veces como necesites para aprender. Todas mis grandes lecciones de vida comenzaron con grandes saltos al vacío. Y la mayoría terminaron en sonrisa. Coge impulso, no te pongas techos. Fuerza, fuerza, fuerza. Todos los días fuerza.

Tus pañales en el baño. Tus papillas en la nevera. Tus biberones en la alacena. Tu minicuna aún en nuestra habitación, porque me resisto a la idea de que crezcas: "Bueno, déjala por si pasa mala noche". Y cuando antes me quejaba del tiempo que pasaba durmiéndote, ahora te quedas y aprovecho para tenerte un poquito más entre mis brazos. Inspiro fuerte, no sé si para tomar aire o para que tu olor me quede impregnado y poder ir consumiéndolo poco a poco al día siguiente, mientras el trabajo me separa de ti. Y me doy cuenta de que el amor son todas esas pequeñas cosas, que el amor siempre suma y engrandece, que lo único que resta son las horas para volver a verte.

Y así decimos adiós a las vacaciones de verano. Sumando muchos recuerdos y momentos divertidos y algún episodio de rabietas. Papá y mamá te han mareado por la geografía gallega y portuguesa. Te han salido escamas y cola de sirena. Has probado el helado, cosa que no deberías, pero qué es un verano sin helado? Has pasado a dormir en tu habitación en cuna de niña mayor. Has devorado papillas de frutas como si te fuese la vida en ello. Has flipado al ver tus dibujos en pantalla panorámica, en lugar de en el iPad. Has soltado carcajadas cuando mamá te hace cosquillas y pedorretas. Y nos has enamorado un poquito más. Normal, la gente en verano se enamora. Pero tú lo has hecho sin necesidad de faldas cortas, ni piel morena, ni melena al viento. Te has metido a tu padre y a tu madre en el bolsillo. Empieza una nueva etapa en la que no podemos estar a todas horas a tu lado, pero hay que cerrar y mirar hacia delante, que seguro que nos esperan miles de cosas bonitas. Están allí para nosotros, con el cártel de reservado. Y recuerda que el verano nos ha dejado enamorados, que tú nos tienes enamorados.

Hoy llovizna. Papá solía decirme que cuando llueve es porque los angelitos hacen pis. Yo estoy segura de que se confundía, en realidad los angeles lloran. Lloran la tristeza de quienes estamos aún aquí, echándote de menos en tu día. Lloran la pena de los que estamos aquí recordando tus grandes ojos, tu preciosa melena, tus pestañas infinitas, tu diminuto cuerpecito que todavía no entiendo cómo cobijaba semejante corazón. Lloran que la casa ya no huela a Carolina Herrera. Lloran que no vayas a llevar pasteles a casa de la abuela. Lloran que esa que tienes entre los brazos bien podría ser Martina. Lloran que ya no vayas a darnos otro de tus abrazos, esos que recomponían cuerpo y alma. Lloran que los que aún podemos recodar tus huesudas manos, con ese gran anillo de oro, no vayamos a sentir sus caricias. A la vez parece que el sol quiere salir. Y es que él sonríe. Celebra que te tiene allí arriba con él, casi en exclusiva. Sólo te comparte con papá. A él le queda todo lo bueno. A los demás mucho de lo regular, porque los recuerdos son los más dulces, pero no hay quien disimule el sabor amargo de que no se repetirán. Y aún así, nos acordamos de ti y asoma cierta sonrisa a los labios, porque tras la cicatriz has dejado huella, mucha huella, muchos te quieros tatuados y muchos momentos regalados. Felicidades, mama!

Y me doy cuenta de que si no estuvieses echaría de menos el colacao en la despensa y viviría en un mundo adulto en el que sólo hay café y esos tés de sabores que tomo de vez en cuando. Que si no estuvieses extrañaría tu máquina de afeitar cargando en el baño y tu pijama del lobo feroz. Que si no estuvieses no tendría a quien hacerle una caricia y preguntarle "duermes?". Que si no estuvieses el exprimidor se quedaría lleno de polvo en la estantería de la cocina. Que si no estuvieses nadie encontraría la mota de polvo que ha dejado sin limpiar la chica y el pelo que se me ha quedado atrás en el baño. Que si no estuvieses en casa no habría dalkys, ni magdalenas, viviría en un mundo aburrido de alpiste y pan tostado. Que la leche sería desnatada y la vida más aún. Que todo sería tan insípido como la mermelada esa sin azúcar que echo a mis tostadas. Que no habría forma de edulcorar tu ausencia. Que la vida sin ti no sabría a nada.

Un día cualquiera. El mar. Nosotros. Me olvido del tráfico que cogeremos a la vuelta de la playa. Papá me toma el pelo diciendo que voy a descuadrar los horarios. Sí, mamá es cuadriculada, una loca de los horarios, la disciplina y el orden. Pero una loca completamente reconciliada con la vida, con esos ratitos de dulzura que está viviendo. Te comemos a besos. A veces pienso que vas a ser la primera niña que mueras aplastada entre besos y abrazos. Papa te dice: "me entra el nervio" y te estruja un poco más. Nos miras con expresión de estáis locos. Y lo estamos, locos de amor por ti. Locos con tus sonrisas, esas que dejan asomar tus dos dientecillos. Locos con tus grandes ojos fijos. Locos con cada tontería que aprendes. Locos por verte crecer. Locos por estar a tu lado. Locos por dártelo todo. Y a la vez estos dos locos nunca habían estado tan cuerdos...

Una familia como la mía no se encuentra ni en google! #lasuertedemivida

Tú, que me traes loca. Tú, mi bebe-bombón. Tú, mi princesa. ❤️

Probablemente el fin del mundo no me pillaría bailando, pero sí sonriendo, disfrutando de ellos, viviendo mi sueño. Probablemente el fin del mundo no me pillaría bailando, pero sí relajada, en paz conmigo misma y con ellos. Probablemente el fin del mundo no me cogería bailando, pero sí abrazándolos o comiéndomelos a besos. Probablemente el fin del mundo no me descubriría bailando, pero sí amando grande muy grande, queriendo fuerte muy fuerte. Probablemente el fin del mundo no me encontraría bailando, sino como yo quiero que me encuentre: con ellos, solo con ellos.

Afortunada. Jodidamente afortunada.

❤️ y punto

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