llolker llolker

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Llolker Pix  I had a name, but nevermind.

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992. Alien vs Predator:

Intentó abrir los ojos, pero como si del encuentro con un OVNI se tratase, una potente luz se lo impedía. Entre el dolor de nariz y esa luz era imposible ver quién se había chocado con él. "Tiene la cabeza tan dura como yo" pensó.
- Tienes la cabeza tan dura como yo -dijo su interlocutor con extraña simpatía.
- Joder, si. - contestó Llolker mientras se dolía.
Alcanzó a abrir una pequeña rendija entre sus párpados y pudo distinguir una silueta frente a ese foco de luz. Era igual de alto y con una complexión delgada, como él. - Siento el golpe
- No te preocupes, estas cosas pasan a veces. Pero vamos, que tarde o temprano teníamos que encontrarnos. - dijo la misteriosa voz.
- Como? - dudó - Nos conocemos?
- Claro que si! Pensaba que habías reconocido mi voz.
Cada vez la nariz dolía menos y sus ojos iban acostumbrándose a la luz, que resultó ser un coche aparcando con las largas puestas (conductores novatos!). La silueta le era muy familiar. Muchísimo.

991. La bala que dobló la esquina;
De pronto, en una pared vio a dos enamorados;
- Te quiero
- Lo sé
- Tú me quieres a mí?
- Has visto que bonita está la calle?

Media sonrisa por ver que no eran dos, sino uno (El otro solo era un torero malo) La otra media, un poco más torcida, por sonarle bastante la historia; La calle estaba igual de bonita y todo.

Siguió caminando pensando en las dos escenas que acababa de cruzarse y, justo al girar la esquina, alguien igual de distraído e igual de alto chocó contra él. Igual de alto puesto que se dieron frente contra frente. Tan distraídos iban y tan abrupta fue la forma de salir de sus calles bonitas que ni se maldijeron. Además, las narices duelen tanto cuando las golpean que apenas podían abrir los ojos para ver qué tipo de pared se habían comido.

990. El escéptico;
Mariposas hubieron en alguna ocasión, claro. Pero siempre pudo ver a través de ellas. No llegó a cegarse. Se lamentó de haber perdido prácticamente toda la pasión de la adolescencia y los primeros 20. Con cada nueva cana que se veía moría un viejo interés.
Afortunadamente quiso solucionarlo. Aún le quedaba voluntad.
Pero, por qué no podía fijarse solo en las mariposas? Tanto cuesta fluir?

989. Tendremos que esperar;

Los personajes se sucedían sin parar. De pronto el proceso de casting estaba sobrepasando sus expectativas.
Gente de todo tipo dejaba su impronta en unas páginas ávidas de tinta. Algunas como actor de reparto y otras con protagonismo.
Desgraciadamente, hay que contar también con antagonistas. En toda historia que se precie tiene que haber una oposición, un conflicto. Llolker no supo manejar bien algunos de sus personajes y los convirtió en adversarios. Fue su culpa, eso es cierto, quizá debió ser así.

Pero su personaje principal, el protagonista absoluto, estaba a punto de llegar... solo había que esperar un poco más.

988. Llolker ya no vive aquí;

Se volvió otra vez hacia el final del camino. En una mano su libro con las páginas en blanco y en la otra el bolígrafo sin tinta.
Aún quedaba un trecho hasta allí. No muy largo pero tampoco muy corto.
Lanzó el boli a una papelera. Su trabajo había finalizado.
Las hojas en blanco las iban a escribir los propios personajes, con sus propios bolis, y entre todos crearían las situaciones.
Llolker llevaba tanto tiempo escribiendo una historia a dos manos que no recordaba cómo se hacía solo con una.

El final del camino. Ahí estaba.
Se oyen voces y música. Y coches y pájaros, se oye el viento que los transporta.
Y él, casi podía oír su propio latir en el pecho. Muy leve, pero suficiente para advertir que a pesar de que las ganas de comenzar una nueva aventura eran grandes, dejar todo lo anterior atrás le emocionaba de alguna manera.

987. Todos los días y las noches;
Por más verde que parecía su prado, más enredada estaba la trama. Al menos la que en su cabeza no terminaba de imaginar.

Se deslizaba sobre las situaciones casi sin darse cuenta, pero los personajes no encontraban protagonismo en ellas. Iban sucediéndose sin pena ni gloria y sin ganarse el favor de su audiencia. Algunos se rendían y cambiaban a otras historias y otros se quedaban para poner un poco de negro sobre blanco. Solo un poco.

Picor de cogote. Cada vez más leve. Había otras cosas de qué ocuparse ante sus ojos, pero es complicado escribir con un bolígrafo al que se le está acabando la tinta.

986. Me he perdido;
Viajó a Rusia y luego caminó hasta Santiago. Llevaba tanto tute encima que su cuerpo dijo basta y le compensó con un cólico nefrítico. Bebió más agua después de eso. Pero lo peor fue el siguiente castigo; La rutina.
De pronto se encontró sentado en el sofá de su pequeña casa sin saber qué hacer. Un día tras otro. Comprendió que comenzar un nuevo camino desde cero era como comenzar un nuevo libro.
Había que llenar las páginas en blanco con situaciones y personajes.
Mangas arriba y manos a la obra. Comenzó a unirse a actividades colectivas, donde encontraba los elementos para su nueva novela. Pero algo fallaba; hacia donde llevaban esas situaciones?, y los personajes, que papeles iban a representar?
Maldita sea, Llolker ni sabía de que iba esa nueva historia.

985. Todo lo que merezcas;
A veces se paraba un segundo y reconocía que algunas cosas no estaban bien hechas. Que había construido imponentes edificios con unos cimientos de mala calidad y fachadas de cartón-piedra. Afortunadamente, de esa obra se llevó infinidad de experiencias y buenos recuerdos. También algún que otro escombro; de los que hacen aprender.

En su viaje a alguna parte siempre miraba hacia delante, pero verdad es que en unas ocasiones le picaba el cogote y en otras le gustaba mirar a los lados del camino a ver si existían terrenos edificables. Pero sin ganas de construir nada.

En el camino tenía buena temperatura y el calzado no le rozaba.

984. El viaje a alguna parte;

A 3523 kilómetros se marchó, nada más y nada menos, a buscar un nuevo punto de partida y en el otro lado del Mediterráneo encontró una burbuja en la que permaneció seis meses.
Pero que seis meses, oiga! Un nuevo mundo, qué más puedo decir? El mejor trabajo que jamás ha tenido. A pesar de vivir dentro de esa burbuja le dio tiempo para tomar bastante aire para el regreso a su nueva vida en el mundo "real& #34; . También le dio tiempo para conocer nuevas caras y forjar nuevas promesas. Algunas se marchitaron por falta de aire y otras... se marchitaron un poco más tarde. Y es que donde esté el tú a tú, sobran todos los kilómetros de mar del mundo. Pero eso a Llolker no le afectó demasiado, no puedes llevarte tantas cosas a una aventura.
Prefirió mundo.

983. El mar, el cielo y tu;

Con las playas de Tarifa y las fotos de sus gatos, Llolker comenzó a ganar sus primeros likes y followers. Ya era aficionado a esto de hacer fotos. Su terreno era flickr pero en Instagram la interacción era más cercana, la gente que le hablaba estaba a pocos kilómetros y casi compartían los mismos paisajes. Comenzó a ser una red social para él también.
Quizá demasiado social...
Después de no mucho tiempo ya estaba dándolo todo en IG y cada vez tenía menos tiempo para su vida real; Lo que en un pequeño grado también ayudó a perderla tal y como la conocía, y que dejó definitivamente casi un año más tarde de abandonar Tarifa. Dejó el mar, dejó los atardeceres y la dejó a ella.

982. Yo;
Me gusta desayunar fuerte cuando hace frío y ligero cuando hace calor. Regularmente hago deporte, pero no me gusta demasiado. Bebo menos agua de la que debería. Tengo el ácido úrico alto, pero creo que es cosa de familia. Mi trabajo es técnico aunque siempre ha habido un pequeño "artista& #34; en mi. Tengo 34 años. He vivido en la playa, pero no me gusta nadar. Odio nadar. Me gustan las historias sencillas y la música amable. Bueno, me gusta casi de todo. Me llamo Jesús. Las bufandas, gorros y guantes me molestan. Para no constiparme tomo mucha miel. Soy desordenadamente ordenado.

Yo creé a Llolker, le conozco bien.
Nos parecemos mucho pero no somos el mismo.

981. Historia Universal:
Después de 980 momentos se sintió un poco cansado. Se detuvo, alzó la vista y no muy lejos pudo divisar el final del camino. Era un atardecer precioso, como aquellos del principio. De los primeros momentos. Un leve barullo en la calle acompañaba la escena; ruidos de la gran ciudad, pero a poco volumen, como de tarde de domingo. "El amor no es lo que piensas͟" se dijo a si mismo recordando una canción que le gustaba. Echó un último vistazo al final del camino y se giró. "Ahora vuelvo" pensó. No quiso recorrer el último trecho sin antes recordar cómo comenzó ese inesperado viaje. Más que nada para repasar todas las lecciones aprendidas, que no fueron pocas, y quedarse con las más importantes para futuras aventuras. El personaje decidido pero melancólico del que os hablo es Llolker, y yo seré el narrador de su historia.
Pero antes permitidme que me presente…

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