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carlcaesar  Creative Designer Filmmaker Entrepreneur [Owner of @mazzima | Creative Agency] @MicroConocimiento @Reteliers @Paperinky @carinurcom @Peliagudos

Felicidad, Empatía, Resiliencia y Mindfulness. Éstos son los libros de la Serie Inteligencia Emocional por Harvard Business Review. Y tenéis en mi YouTube un vídeo en el que hablo de ellos.
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Llegaron a mi un día cualquiera mientras daba una vuelta ocasional por una librería. Me golpearon la mirada y me llevé dos. Tras leerme el primero el mismo día, fui a pedir los otros dos. Pasé la espera leyéndome el segundo y en pocos días me avisaron que ya podía pasar a recoger los libros encargados por la librería. Si, soy de los que aún se pasea y pide libros en las librerías locales de mi ciudad.
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Después de leérmelos me pareció una buena idea ponerme a hablar de libros en mi canal de YouTube así que lo hice y ya tenéis disponible un nuevo vídeo donde hablo sobre estos cuatro libros y la opinión que me merecieron.
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Ya sabéis que como siempre tenéis el link en la BIO de Instagram, y que estaré encantado de que me comentéis cualquier inquietud que os sugiera o simplemente que paséis a saludar. Nos vemos en los comentarios.

¿A donde quieres ir hoy Alicia?

El paisaje de palacio
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Me encontré haciendo lo que habitualmente suelo hacer. Después de un vistazo al monumento me giro y, dejándolo a mis espaldas, veo lo que muchísima gente no ve. El cielo se nubla lo justo para no resultar abultadamente aburrido. El rio respira tranquilo para reflejar los magníficos árboles que lloran sobre sus aguas y los que se lucen fuertes y orgullosos apuntando hacia el cielo. El puente se queda tranquilo, dejando pasar las aguas, la fauna y el tiempo. Cruzándose ante mi el camino hacia el horizonte indefinido. Caminos a los campos y a los pueblos tranquilos. Y todo desde las vistas de palacio.
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Hay cosas que llaman tanto la atención que distraen a los demás de disfrutar del paisaje tremendo y magnífico que se planta ante tus ojos si simplemente miras hacia el otro lado. Está claro que si era un gran palacio, los que lo construyeron querían lucirse para los demás, pero también estando en palacio disfrutarían de las vistas. Pero estas vistas eran naturales, donde las estaciones les cambian de color y el tiempo les da presencia.
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Dicen que cuando tu vecino se hace un palacio, tú eres el que lo disfruta. Él vive dentro y nunca podrá verlo como lo puedes ver tú. Y tú puedes disfrutarlo sin tener que pagarlo. ¿Dónde prefieres estar en palacio o frente a él?

Caminos, tigres y fresas.
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"Caminante no hay camino, se hace camino al andar...” decía Machado. Y no voy a quitarle razón en su poema, pero desluce el trabajo de aquellos que se han dedicado en cuerpo y alma a crear el camino. Y es que cada día tengo mas presente en mi vida el camino. Como el cuento japonés del Tigre y la fresa. El tigre siempre está ahí, esperándonos. Pero la fresa es única, la fresa es limitada y la fresa solo la disfrutas cuando dejas de estar pendiente del tigre. Porque es cuando somos capaces de dedicarle el tiempo suficiente al camino para poder ver la fresa. Caminante estate pendiente de camino, pues puedes dejar pasar la fresa al andar. Saturarse de bits. Pausarse. Estar pendiente del momento. Disfrutar del camino que traza la punta de la pluma por el que la tinta se va expandiendo hasta empapar el papel. Escuchar como el trazo, el roce del metal con el papel y desear ser tinta por unos momentos para dejarse llevar por el sendero del texto y quedarse impregnado en el papel. Disfrutar de la escritura como disfruto del Sashiko. Dedicarle horas a un proceso que a algunos les lleva unos segundos. Pero es mi camino. Agujas que se abren paso por la tela mientras el hilo deja su marca, la mía. Perfecta en su consecuencia de ser un trazo imperfecto realizado por el ser humano, también imperfecto. Las líneas son casi rectas, pero son todas mías. Poco poco, dejando pasar el tiempo. Porque el tigre no importa, lo que importa es disfrutar de la fresa.
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Espero que al acabar de leer esto os dediquéis unos minutos a buscar el cuento japonés del Tigre y la fresa. Quizás así signifique que estáis disfrutando del camino.

Caminos con la cabeza en la parra.
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Jardines, naturaleza ordenada y sombras agradecidas entre la parra. Caminos creados por maestros artesanos de la jardinería que ordenan poco a poco las ramas que suben, se enroscan y trepan por los hilos que les preparan. Creando así estas maravillas verdes con uvas que caen como deseando que alguien las ingiera.
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Hoy estoy en otras partes. Intento centrarme en la oficina. Escuchando el sonido repetitivo del teclado, la notificación de que ha llegado un nuevo e-mail, bien ya solo me quedan 719 mails por leer. Suena el teléfono a medio escribir un mail. Intento concentrarme, pero la cabeza de me va a estos jardines de Villandry. Hoy me apetece tener otro verano como ese. Volver a desconectar. Y ahora una pregunta de una compañera de oficina. Respondo, generamos conversación. Pienso en el mail que me queda por acabar. Prosigo con el mail, voy escribiendo mientras pienso en comer queso francés. Sal de mi cabeza, volvamos al trabajo. Y así estoy. Con ganas de introducir a mi rutina una serie de pausas mentales cada vez mas intensas, cada vez más largas. O quizás, directamente que mi vida sea mas pausada. Pasear entre viñedos. Cada día. Ver como crecen. Como cambian de color según las estaciones. Ver engordar las uvas a medida que van asumiendo las aguas y creando dentro de si un sabor intenso gracias al sol que van protegiendo. Y así estamos, una y otra vez. Tengo que concentrarme.
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¿Y a ti cuanto te cuesta concentrarte hoy?¿Ya has conseguido pillar el ritmo de la rutina?

Cielos y torres.
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Empieza el otoño y con el ya llegan las lluvias. Pequeñas gotas de agua condensada que se dejan caer sobre nosotros recordándonos que se ha acabado el verano.
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Y con ello no puedo dejar de repasar la galería de imágenes de este verano, paseando por los jardines de Villandry donde despuntaba la torre de la Iglesia románica del pueblo sobresaliendo por encima de los cipreses mientras lucía un espectacular cielo con nubes de algodón que flotaban por el aire para ayudarme a realzar la fotografía.
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Yo soy de otoño. Me gusta no sudar todo el rato. Me gusta el olor de la lluvia que se lleva el pollo acumulado durante el verano. La lluvia que limpia el aire y empapa la tierra para que vuelvan las plantas a nutrirse. Los colores de los árboles que pasan de los verdes brillantes a ocres, marrones, naranjas y amarillo. Me gusta el otoño. Donde vuelven las botas, los jerséis y las americanas de tweed. Donde uno puede darse el capricho de un chocolate caliente para entrar en calor gracias al resguardo de la ropa más amplia y abrigada. Me gusta el otoño, pero miro fotos del verano.
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¿Y a ti que es lo que más te gusta del otoño?

☠️ POISON { ☠️ } VELENO ☠️

Cielos
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Camino por las ciudades mirando a los cielos. También esquivo y vigilo a posibles carteristas, pero los cielos tienen algo. Ahí arriba hay cosas espectaculares y mis fotos también muestran eso. Podría hacer una recopilación enorme de fotos de cielos. Con torres y techos que se muestran imponentes y a veces, cuando tengo mucha suerte, algún que otro pájaro sale a lucirse. En ocasiones soy yo el que veo el pájaro y me espero durante rato hasta que decide moverse. Y ahí están las palomas, grandes conquistadoras de ciudades, volando libres por los tejados de las ciudades. A veces también te encuentras con cuervos, gaviotas o, en contadas ocasiones, con alguna cigüeña adueñándose del espacio aéreo.
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Y aquí, en esta foto en concreto, vuelvo a rememorar las vacaciones de las que me está costando mucho olvidarme. Una torre y un tejado de Tours, Francia. Con su típico estilo francés, bastante plano y lleno de ventanales para iluminar las magníficas boardillas, con acabados en piedra pizarra. Sí, necesito vacaciones. Otra vez. Volver a los quesos y a los zumos de uva un tanto envejecidos en roble. A pasear y leer. A descubrir y no hacer nada. A volver a tener la mente en blanco y no preocuparme de nada.
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¿Y a vosotros cuánto os está durando el síndrome de abstinencia vacacional?

El Tiempo. Parte III
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He visto el tiempo pasar, lo he perdido y lo he buscado infinidad de veces. Ha sido tanto el que he perdido como el que me he esforzado en ganar. Y cuanto más pasa me doy cuenta que menos me queda. Tengo fecha de caducidad, en mi cabeza resuena, y me cuesta deshacerme de esa idea. Ahí está persiguiéndome y susurrándome al oído. Y eso me hace reflexionar y me hace pensar en el que me queda. En mi egoísmo por buscarlo hasta darme cuenta de que no estoy buscando a él, lo que busco y anhelo es la felicidad. Oh, la gran felicidad. Que magnífica metáfora del tiempo. Durante mucho creí que estaría en en un futuro. Pero gracias al presente me di cuenta que no estaba ahí detrás, ni ahí delante, la felicidad pasa cuando estaba en el presente, aunque no sea consciente de ella. Me doy cuenta tarde, me doy cuenta del pasado. Y sigo buscándola en el futuro. Pero yo ya sé que ahí no es donde está. Tomando consciencia de él lo hago también de la felicidad, porque no es cuestión de tiempo, no nos espera, está aquí y ahora. Lo he dejado pasar muchas veces, puedo hacerlo si quiero. Él me domina a mí. Si. Pero yo domino qué hago con él que se me ha dado. Aunque tenga fin. Aunque sea un fin indefinible. Porque es mío. Y tuyo. Y nuestro. Y a la vez no es de nadie. No intentes controlarlo, no se puede. Dedicarte a tal empresa es perderlo. Y es demasiado escaso, muy limitado. Y debemos aprovecharlo.
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Podría el tiempo ser un tren que pasa. Puedes subirte en su busca. Puedes bajarte en la estación. Puede que estés en la estación y que no te deje verlo por tenerlo demasiado cerca. Puede esconderse y puede distraerte demasiado. Pero tienes elección. A veces yo solo quiero dejar pasar el tren. Y aprovechar mi tiempo, dejando que pase y así poder disfrutarlo. Porque no hacer nada también es una forma de aprovechar del que dispongo. Porque he aprendido algo:
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El tiempo es la facilidad y la felicidad es ser dueños de nuestro tiempo.
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Este es el último de tres post anteriores. Lo he publicado íntegramente en mi Blog y en tres piezas fotográficas en mi Instagram. Si has llegado hasta aquí: Gracias por tu tiempo.

El Tiempo. Parte II
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El tiempo es singular y plural también. Consideramos los malos tiempos y los buenos. La historia nos recuerda sobretodo los malos. Atrocidades cometidas hace ya mucho y en la búsqueda del cáliz que nos lo dé de forma infinita. Queremos que se alargue cuando son buenos sin pararnos a pensar en que lo desperdiciariamos si nos fuera dado de forma ilimitada.
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El tiempo es oro. El oro es poder. El tiempo es poder. Y quien tiene el poder tiene tiempo, o quizás sea al revés. Y es a su dueño al que le proporcionamos el poder. Poder hacer, poder elegir. Poder tener oro. Al que le volvemos a poner precio. El precio del tiempo gracias a su capacidad transformadora que genera que exista un mercado sobre él.
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El tiempo todo lo puede. Él sigue invariable mientras todo a su alrededor cambia gracias a él. Nos hace esperar y nos hace avanzar. La vida se crea y se destruye con él. La materia orgánica se transforma gracias a su forma de moverse. Puede modificar las piedras, las moldea, las destruye y les da valor. Moldea las rocas más aristas suavizándolas, presiona al carbón para transformarlo en diamantes. Y sopla a las montañas para convertirlas en polvo. Siempre ahí, como factor determinante. Es indestructible pero puede destruir.
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El tiempo lo cambia todo. Lo ha visto todo y lo verá todo. Ha visto generar el universo, hace tiempo, tiempo fué el que se creó y todo lo introdujo. Movió energías y masas, solo tuvo que dejarse pasar. Y colisionaron creando universos. Y con él los universos se modificaron para que existiéramos nosotros. Nos dotó de él y nos preocupamos de él. Lo investigamos, lo analizamos e intentamos comprenderlo. Aunque nos cuesta comprender que no tenemos ni idea de lo que comprendemos y mucho menos de lo que no comprendemos. Que necesitamos comprender más para poder empezar a disfrutarlo. Nos hacemos las preguntas inadecuadas planteando la forma de conseguir más. Cuando quizás lo que estemos sea erroando la pregunta, porque quizás no necesitamos más, lo necesitamos mejor.
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¿Pero dónde está mi tiempo?¿Qué ha sido de él?¿Dónde te encuentras?
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Continúa en el siguiente post.

El Tiempo. Parte I
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Todo lo puede y todo lo quiere. Parece lento y parece rápido, pero nunca se detiene. Es una barrera, una bendición y un sacrificio. Se pierde y siempre se deja atrás. Una pausa, un respiro. Lo esperamos, huímos de él o lo perdemos buscándolo sin cesar. Somos sus esclavos y aun así vendemos el nuestro en favor del de otros a cambio de dinero con el que comprar el de los demás. Nos olvidamos de él cuando lo tenemos y nos acordamos de él cuando escasea. A veces pasa por delante y no lo vemos. A veces no podemos parar de verlo cuando ya ha pasado. Nos dedicamos a perder el tiempo a cambio de dinero pensando que en el futuro el dinero nos hará poder comprar tiempo. Pero el dinero es volátil e infinito, viene y se vá. Y siempre hay maneras de hacer que vuelva. El tiempo en cambio es escaso, una vez se ha ido no puede recuperarse. El tiempo es inmutable e indefinible y aún así lo definimos, le ponemos un precio, inconscientes de que no se lo ponemos al tiempo si no a la vida. Aunque la vida es tiempo. Limitado.
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Tenemos prisa por disfrutar del futuro creyendo que ahí es donde estará la felicidad. Vamos detrás de ella mientras lo perdemos el presente. Tenemos prisa por vivir y ninguna prisa por morir. Aunque lo uno no es más que el camino directo hacia lo otro. Y sin darnos cuenta lo seguimos perdiendo día a día. ¿Somos conscientes del paso del tiempo?
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Es agradable, soleado o nublado. Es frío, cálido, lluvioso, seco o húmedo. Es variable y siempre retorna. Lo dejamos pasar por culpa del malo y lo perdemos por no saber disfrutarlo. Quizás sea un problema del léxico, quizás no deberíamos llamarlo buen o mal tiempo. Ya que el tiempo no tiene moral. No sabe lo que es bueno ni lo que es malo. Es solamente un trámite infinito. Una unidad de medida que hace que la tierra gire, siempre, con y sin nosotros. Nos creemos dueños del él y no somos más que sus esclavos. Consideramos que lo hay bueno y que lo hay malo. Y desaparece sin más cuando le apetece sin haber visto que su bondad está en aprender a gestionarlo usándolo y disfrutándolo. Porque él no tiene fin, pero el uso que podemos hacer de él si.
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Continúa en el siguiente post.

Paredes de hiedra
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Recovecos de 1800 forrados en hiedra. Plantas que escalan en busca de luz. Se estiran para buscar al sol y lucirse en varias tonalidades de verde. Puertas que bajan hasta los sótanos donde la uva se envejece en roble convirtiéndose en el elixir perseguido por los paladares más exquisitos. Lugares donde el tiempo pasa con calma, sin prisa. Contagian de ello a sus visitantes y nosotros como visitantes nos dejamos contagiar. Nos gusta. Poder observar el mundo con más calma. Andar despacio mirando a todas partes, examinando los rincones y fotografiando la calma. En verde, ocre, marrón y amarillo dorado. Experiencias que se vuelven a la mente al examinar las fotografías. Si, estaba de vacaciones. Si, quiero volver a estarlo.
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¿Como superáis vosotros el síndrome post vacacional?

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