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Vega y Patiño  Conteur d'histoires.

Siento vergüenza de quererte, porque no paro de hablar de ti y de un nosotros de fantasía con el que incluso he soñado. No te volveré a ver más pero aún así tengo la ilusión de regresar a la estación a pie de calle donde aparentemente todo puede pasar. Por cuatro horas sentí que contigo todo podía pasar. Como el niño al que todavía no le dicen que no. Contigo volví a ser un niño de esos que confían a ciegas y te abrazan sin el prejuicio del rechazo, que más tarde aprende. Siento vergüenza de escribirte, porque temo que entre más me leas más te alejas pensando que esto es demasiado, porque lo es pero lo siento, no tengo otra manera, si fuese cantante, cantaría, si fuese pintor te pintaria con las fotos que no te diste cuenta que te hice (y que seguramente ahora te enojará) pero es que ¿cómo puedo no querer tener un recuerdo, aunque sea una foto movida, de lo más bonito que me ha pasado en años? Me da vergüenza admitirlo pero es así, esto que a duras apenas llega a ser "algo" no me había pasado en la vida. Y aunque en la foto no salgas, yo sé que estás ahí. Siempre lo supe.

Anotación del 22 de Junio.
Kodak Gold 200

Imagina ser maricón en el trópico, no solo te toca aguantar la calor insufrible de esta latitud sino el calor interno que no puedes satisfacer ni hacer público, porque es pecado. Es pecado meterse mano y agarrar otra que no sea la tuya. Es pecado follar. Es pecado existir. Un día me hablaron de Rambala, un pueblo de este Caribe, un pueblo maldito donde los maricones desaparecían, y eran borrados de la memoria del pueblo, como si nunca hubiesen nacido, ese olvido con que castiga la ignorancia y la falta de empatía. Imagina ser maricón en Rambala, o en cualquier otro pueblo olvidado por dios, excepto cuando hay maricones y dios se hace presente y toma la forma de religión o falta de educación. Hay veces que retrato parejas querido extraño, follando, amándose o simplemente existiendo, porque no me da la gana que haya más anónimos y gente olvidada en Rambala.

Anotación del 21 de Junio.
Kodak Gold 200.

Me hice un laguito, mi propio pedacito de océano donde jugaba a ser marinero, a veces era sirena y otras veces pensaba, que tenía la sabiduría de los caracoles, cuando escuchaba el eco de tu voz que hacía ondas, sobre mi superficie de agua que desde que te conocí, se iba secando un poquito más, y un poquito más. Contigo aprendí lo que es el vértigo, esa sensación de equilibrio precario, esa sensación de que un comentario desafortunado nos iba a tirar al vacío, ese vértigo que me daba cada vez que miraba el fondo de mi laguito y sólo veía reflejado mi futuro sin ti. Ese vértigo que me daba cada vez que preguntabas ¿qué te pasa?. Y es que a mi me pasa de todo contigo, me pasa lo que no tiene que pasarme, y aunque quisiera que no tuvieras alergia al mar, pero la tienes, por eso no navegamos en mi laguito, este poquito de agua es muy poca para ti, pero ¿qué más quieres? Es todo lo que soy y todo lo que puedo darte. Porfa, no me des más vértigo.

Anotación original del 5 de junio.
Fuji Pro 400h.
P.S: dado que la otra me la borran intento subir esta.

Hasta el doce de junio a las tres de la mañana, había olvidado lo que era el abandono feliz, después de hacer el amor, de por sí había olvidado hace años lo que era el buen abrazo, con la rabia de tus manos aferradas a mi espalda y la sinfonía que había entre la cama, la pared y nuestras caderas. Ya te dije que si hablaba de lo que había pasado, no iba a ser suficiente para lo que sucedió esa noche de junio improvisada entre ganas y meses de no vernos. Toma esto como un bosquejo, un borrador intento de prosa que no llega a ser ni un poco, igual de intenso que tu beso de despedida. Aunque en realidad con esa despedida, hiciste una estancia en la habitación, esa que tus labios y los míos compartieron. Y si te vas a despedir así siempre, pues vete y no regreses nunca, así me quedo entre el ascensor y mi puerta, despidiéndome de ti hasta que te canses de esta espera, de esta paciencia para quien quererte, se ha convertido en un deporte.

Anotación del 18 de Junio.
Fuji C200
Minolta 70w

Quizás me canse, porque la hiedra puede crecer sólo hasta donde la piedra llegue, como un capricho de que tus raíces necesitan aunque sea un pedazo de algo para poder vivir. Quizás me canse de esta lluvia incesante, desayunos a la intemperie y mediodías insoportables donde respirar cuesta lo mismo que quererte. Ya no me importa tu tenue olor a adolescente tardío ni tu torpeza al desnudarme, me importa más que no crezcan tus maceteros porque simplemente es más fácil dejarlos morir. Y quizás tenga pánico, panico escondido en metáforas mal hechas de hiedras y climas de un país que no conoces, porque al fin y al cabo ahí si tenías razón, no nos conocemos, pero yo tengo la certeza de quién necesita menos de tus excusas y un poco de fe, una pizca de ingenuidad y más de esos cinco minutos que ambos sabemos que no serán cinco minutos.

Anotación del 14 de Junio.
Fuji C200

Cuéntame, pero respondeme como si me conocieras de toda la vida, ¿quién te dejó la piel tan pálida? ¿Quién fue el ingrato que te dejó el sabor en la piel, de un amargo y un olvido que no se puede olvidar? No sé si fue el mismo que tomó prestados tus orgasmos y no te los ha devuelto todavía, o son todos los que han intentado reemplazarlos y se han quedado en la comisura de tus labios, ese pedazo de tu cara que se ha quedado en mueca para que no le roben más besos de un amor insatisfecho. Dime, pero de verdad, si te cortas en pedacitos cuando dibujas porque nadie te ha dicho que lo más bonito de ti es tu cara, miras como mira la gente que nunca te abandona, dime por qué te tiemblan las mano cuando te tocas, ¿es porque te ha traicionado el pulso desde la última vez que alguien las cobijó? Que raro eres, porque lo que no me dices con la boca me lo dice la fragilidad de tus huesos cuyo frío no puedo tocar, porque desde este lado de la puerta donde te miro, no paro de preguntarme tantas cosas, y solo termino regresando a la misma: ¿por qué te han malquerido tanto?

Anotación del 13 de Junio.
Fuji C200

Ayer entendí la rabia del océano, de ese rumor enardecido con que golpea la costa, porque ha conocido lo hondo que puede ser tu orilla, y sin embargo no se cansa de arrastrar arena hacia ella, porque como yo, que camine tu playa para que me olvidases, hay mareas que me hacen querer sumergirme en ti, y hay otras que me hacen querer amarrarme al vacío inmenso del mar adentro. Es una lucha constante entre querer o ser egoísta y desear que este ímpetu no tenga luna tuya que lo gobierne, y simplemente tirarme por los barrancos de tus besos, que arrastran mis manos por tus rocas y montañas con la ansiedad que tiene mi caudal por llegar al océano. Ayer entendí la rabia del océano, cuando conoce al marinero que le convence de que estos dos metros de arena son las únicas orillas que merecen sus olas, que aquí la luna no existe, que aquí solo existe el rumor de mis manos intentando contar la sal que se sumergió conmigo en lo ancho de tu Bahía.

Anotación del 13 de junio.
Fuji C200.

Las cosas fáciles nunca me han gustado, soy de esos que se toma su tiempo, así que me entenderás cuando te rechacé la primera vez: una invitación a tu casa a los dos de la madrugada "para charlar", ambos sabíamos lo que eso significaba, tu estabas necesitado con el apremio típico de la madrugada que saca lo peor de nuestro instinto, y yo la verdad es que también, pero tampoco lo suficiente como para quitarme la pijama e irme a tu casa. Y seguramente al día siguiente no hablaríamos al respecto y se quedaría en eso, un toque de timbre a las dos de la mañana. Y yo prefería intercambiar timbrar a tu piso a las dos, por un café de esos en los que te quedas horas hablando y terminas queriendo hablar más. Y con suerte a ambos nos dará ganas de más, que ahí si podemos resolver de madrugada. Aunque no te miento, la foto aquella que me enviaste semidesnudo casi socava mi fuerza de voluntad. Ojalá entiendas que este "no" que te escribí en realidad era un "pero más tarde sí"

Anotación del 9 de Junio.
Kodak Gold 200

Dejabas estragos en mi espalda, que terminaba siendo sepulcro de todo los sentimientos que otros te habían prohibido, mi cuerpo terminó siendo un cementerio de noches improvisadas en baños de discotecas y de colecciones de deseos y fetiches bien llevados. Pero los estragos que hacías de mi, me los reparabas, pedacito a pedacito, como un jarrón japonés, entre tu amor y los besos que lo acompañaban. Es que follar podía hacerlo cualquiera. Pero tus besos parecían un ensayo para sentirme el hombre más afortunado que había sido besado nunca. Quizás te parezca una exageración, pero tus labios detenían todo en mi, era como una pausa a vivir que tus besos me revivian cada vez que sucedían. Quizás era eso, ésta ternura que parecía imposible de las marcas que dejabas en mi espalda, ese cariño de "aquí todo estará bien" que me dabas, era lo que realmente importaba. Así que anda, que ya aquí ganaste, hazme lo que quieras.

Anotación del 8 de Junio.
Fuji Pro 400H.

Cuando era pequeño, envidiaba las casas grandes, siempre quise tener una, un espacio enorme como una suerte de parque de diversiones infinito, donde todo era posible. De adulto, aprendí lo que era ser infeliz, siendo uno tan pequeñito entre paredes tan grandes. Que te devoran la vida, los techos se caean solos, los suelos nunca parecen sostenerte lo suficiente y todos esos metros de cemento infinito no alcanzan para tanta desdicha escondida entre sus paredes. Así que decidí quedarme con cualquier cosa, cualquier metro cuadrado que fuese mi propio rincón, con un poco de azar, tener la suficiente buenaventura de no querer huir de sus paredes. Cuando llegué a mi segunda adultez, quise otro metro cuadrado, que fueran dos, pero para compartir mi soledad contigo, que ya la cama no fuese sencilla sino doble, que las almohadas no fueran la única compañía y que sobre estos dos metros cuadrados, nos fuese suficiente, para mi, ojalá que para el destino también y ojalá para todas nuestras soledades tan acumuladas.

Anotación del 7 de mayo.
Fuji Pro 400H

Irene fue la número veinte. Pero Irene era más que un número, Ella quería lo que todos queremos imaginar que somos: una historia para contar. Yo no la conocía a ella ni ella a mi. Éramos dos extraños que se sentaron a tomar un café: Ella habló de cine y de lo feliz que era siendo feliz, y yo la miraba con la envidia que da la inocencia. No sé cuántos de ustedes han pasado por aquí, y me han dado un minuto de su tiempo para leerme o escribirme, a todos no les puedo agradecer personalmente, por eso decidí que el azar decidiera a quién le agradecía, y fue Irene la número veinte mil. Y tenía una casa super bonita, una luz de media tarde que parecía planeada y una intención de ser tanto, que aquí el azar no se equivocó. Así que gracias Irene, por abrirle tu puerta a un extraño que se colo en tu intimidad para hacer la única cosa que sabe hacer más o menos bien: contar una historia.

Anotación del 4 de Junio.
Fuji C200.

Invítame sin que se note, sin que las paredes te escuchen, con la sutileza con que me mirabas desde el otro lado de la discoteca, con la sutileza con que me rozaste la cintura y el resto de mi cuerpo se estremeció. No sé, invítame a bailar, aunque ninguno de los dos sepa hacerlo, invítame a comer aunque tengamos que inventarnos una receta para ser felices, pero eso sí, te advierto que yo follo con los calcetines puestos, que me da frío en los pies aunque tu me des calorcito en el alma. Ese calorcito que empezó con un roce y una invitación que hizo tu piel a la mía a conocerse y ponerle nombre a cada uno de tus poros, como deporte de domingo, como excusa para nunca dejar de tocarte, y pensar que vivíamos en la misma ciudad desde siempre, y pensar que ambos fuimos valientes para mirarnos a los ojos la primera vez que nos vimos.

Anotación del 3 de Junio.
Fuji C200

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