Normal Alberto Poggioli
albertopoggioli Le di y le di y le di hasta que lo logre!!!! Jajajajaja #2048puzzle i beat it!!! 4d

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albertopoggioli Enjoying my brand new @sperrytopsider in my office!! #topsiding 2w

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albertopoggioli Marcelo, hoy hace 1 año estabamos pasando por la incertidumbre mas fuerte de nuestras vidas, gracias a Dios, La Virgencita, El Doctor Jose Gregorio, los Doctores Igor, Manrique, Francis, las enfermeras Fresita, Mayra que tanto te cuidaron y tanto empeño pusieron para que te recuperaras, a nuestros familiares, a nuestros amigos que tanta sangre donaron y tantas oraciones rezaron, a los doctores y enfermeras que no me acuerdo sus nombres, podemos disfrutar de fotos como esta que cada dia te podemos tomar, eres lo mas gigante y hermoso que nos ha pasado en la vida a tu mama y a mi, te amamos con toda nuestra vida, gracias por escojernos como padres!! 3w

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albertopoggioli Natalia de @fotoruido trabajando!!! El video quedo excelente!!! 1mon

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albertopoggioli Alfredo en pleno trabajo @fotoruido 1mon

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albertopoggioli Con los panas de @fotoruido en la grabacion del video de tolon para GPTW 1mon

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albertopoggioli The flying flag!! En Los Samanes hoy #sosvenezuela #prayforvenezuela #venezuela 1mon

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albertopoggioli Repost from @rmtf “La intención de los colectivos era amedrentar, asustar a los manifestantes, que la gente no saliera, pero a mí me dispararon frente a mi casa”. Dos hombres en una moto intentaron atravesar una barricada en El Trigal, Valencia, el lunes 24 de febrero. Gustavo les advirtió que no había paso, dieron media vuelta y le dispararon. No hubo palabra de por medio, pero sí hubo tiros al aire.

El daño ya estaba hecho.

Gustavo lleva doce días hospitalizado. Una arteria reconstruida, dos bypass y una herida abierta para que drene el edema. “La bala entró por la batata y se alojó en el tobillo”. Allí permanece.

Desde que comenzaron las manifestaciones, él y su esposa se mudaron de Naguanagua a casa de su familia en El Trigal. Las barricadas no los dejaban entrar ni salir. Llevan tres semanas sin trabajar. La niña de nueve años tampoco ha podido ir al colegio.

Sin poder trabajar, Gustavo se dedicó a marchar y protestar. Cree en el apoyo a los jóvenes, en el futuro de su hija.

En las noches, la Guardia Nacional pasa iluminando casa por casa, ventana por ventana, viendo quién es capaz de asomarse. Se vive un estado de sitio. ─ ¿A qué le temes? ─ A la Guardia Nacional y a los colectivos. A los ciudadanos nadie nos protege. Los vecinos nos protegemos entre nosotros mismos. Esta solidaridad yo nunca la había visto. ─ ¿Estás armado, Gustavo? ─ Tengo una trompeta y unas pancartas que hablan de la escasez, la inseguridad, la violencia y la inflación.

A la madre y a las dos hermanas de Gustavo les tomó tres días poder salir de su casa, específicamente de la cuadra, para visitarlo en la clínica. Las barricadas las mantenían incomunicadas. “Mi preocupación es que hay tensión de ambas partes. Pero una de las partes tiene armas y está matando a la gente”. Gustavo Salazar, 42, Administrador comercial #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice #prayforvenezuela
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albertopoggioli Repost from @jorgecruz_art Raúl Castro. #sosvenezuela #venezuela 1mon

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albertopoggioli Repost from @rmtf “Me quebré. Externamente nadie lo notó, fue sólo interno. Yo no me puedo quebrar”. Desde que comenzaron las manifestaciones en Altamira, Giuseppa Quinci ha trabajado todos los días hasta la una de la mañana. Carga tres celulares y un radio, a través del cual se comunica usando unas 60 claves.

Giuseppa fue la primer médico en llegar al lugar donde estaba Roberto Redman en el piso y con un tiro en la cabeza. Con un lenguaje encriptado notificó vía radio lo que tenía enfrente.

Los vecinos, que son sus vecinos porque vive en la zona, no entendieron lo que dijo, aunque lo que estaba a la vista no necesitaba traducción.

Las lesiones en el cerebro se manifiestan en la postura de los brazos. Reconocer eso fue el momento de quiebre para Giuseppa.

Hace 14 años, cuando comenzó en Salud Chacao, las enfermedades crónicas y accidentes de tránsito eran su quehacer. Ahora, durante estos días de protestas, no sólo asiste diariamente a lesionados por gas, perdigones y golpes, sino también llamadas por ataques de pánico.

La sensación de miedo intenso por un hecho que haya ocurrido o no, mantiene a muchos vecinos de la zona en zozobra.

Giuseppa es médico internista, pero su adicción es la emergencia. Cree que estar en la calle es la verdadera manera de ayudar, confía en su capacidad de acción. Está entrenada para eso. Del 12 al 27 de febrero, ciento veintiséis personas han sido atendidas por ella y su equipo. “Mi trabajo es estar para quien lo necesite sin juzgar los hechos. Para dar respuesta debo desprenderme de simpatías, afinidades y miedos”. Giuseppa Quinci, 45, coordinadora de servicios médicos de Salud Chacao. #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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  •   orianamermelada Dios la bendiga y le otprgue mucha fortaleza para seguir ayudando! 1mon

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albertopoggioli Repost from @rmtf “Después de diez, los estudiantes detenidos se convierten en un número. Hay que tener una coraza emocional. Las emociones te interrumpen”. Un amigo de Laura fue detenido el 12 de febrero. De inmediato ella se puso a buscarlo con una intensa campaña en Twitter y, además de conseguirlo, pidió nombres de otras personas en la misma situación.
Desde ese día y hasta la una de la tarde del 24 de febrero, Laura ha contabilizado 644 detenciones a nivel nacional. A la fecha, más del 50% de los privados de libertad ya han sido liberados.

Muchos familiares desesperados por sus estudiantes detenidos le entregaron con esperanza nombres, cédulas y último lugar donde fueron vistos.

Entre el 12 y el 14 de febrero Laura durmió escasas tres horas. En un momento dado, llegó a 350 nombres y ningún paradero. 350 jóvenes que no quieren abandonar el país, que están dispuestos a hacer algo. Tenía la responsabilidad de conseguir algo que calmara a esas familias.

En 2007, durante una protesta en la UCAB, Laura hizo su primera lista de detenidos. Cuatro estudiantes. Todos sus nombres en un Post-it. Ahora usa un cuaderno y le pasa todo la información a Fabi, quien lleva el registro en una gran hoja Excel.
Nombre. Apellido. Fecha. Lugar de detención. Lugar de transferencia. Fecha de presentación a tribunales. Estatus. Fecha de liberación. Privación de libertad. Medidas cautelares. Los que están en azul ya están liberados.

La clave de la cuenta de Twitter de Laura la tienen tres personas más. Si ella está sin Internet y necesita mandar una nueva información, envía un mensaje de texto y se lo publican. Confirma y reconfirma. Le aterra publicar un dato errado.

El nombre de un detenido publicado en Twitter hace bulla suficiente como para minimizar el riesgo que corre en manos de las autoridades. En eso cree Laura, para quien el "gracias" de una madre por haber encontrado a un hijo es el combustible que la mantiene en marcha.

Para tratar de dormir pensando en algo distinto, Laura hizo una pausa el domingo. Vio una película. Escogió "This is the end". Laura Solórzano, 27, egresada de Filosofía #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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albertopoggioli Repost from @rmtf “Te cuesta respirar, te pica la piel, sientes ganas muy fuertes de vomitar, ceguera y mucho ardor en la cara. Desde el sábado estoy usando máscara”. El miércoles 12 de febrero José no fue a la marcha, no sintió el llamado. Asistió en horario habitual a sus clases de Macroeconomía y Matemáticas. Pero en la noche todo cambió.
“Enterarme por redes sociales que otros estudiantes ponían el pecho por mí y por todos los venezolanos, me hizo salir, incorporarme, dar la cara”.
Desde entonces lleva una semana asistiendo a las protestas. No ha vuelto a clases. Ha dormido poco y comido peor. Aún así, no está cansado.
"Mi morral tiene agua, vinagre, trapo, Maalox. Me siento de la Cruz Roja, mi rol es ayudar". José ayuda, socorre, asiste.
“Tengo una responsabilidad con el país. Si no salgo yo que soy joven y tengo la fuerza y la adrenalina, entonces para qué estudiar. Desde que tengo seis años lo único que conozco es este gobierno, no conozco otro, pero sé que esto no es lo correcto”.
En todas las concentraciones la oferta sin demanda es “gas del bueno”. José devuelve las bombas lacrimógenas o las mete en tobos con agua, para neutralizarlas. Aguanta hasta 55 minutos respirando el gas. Después va a la retaguardia.
No sabe si el gas lacrimógeno vencido (abril 2013) que asegura se está usando contra estas protestas, le ha causado algún efecto extraordinario. Es una experiencia inédita. No puede comparar.
José ha sido testigo de guardias nacionales con lágrimas en los ojos, oyendo planteamientos de estudiantes, cara a cara. Entiende que reciben órdenes aunque también reconoce que no todos lloran, no importa lo que les digan las pancartas.
Cada vez que sale a marchar se comunica con sus padres en Maturín y Ciudad Bolívar. Avisa. Notifica. Desde el interior del país le ruegan que no vaya.

José Villegas, 21, estudiante de Administración.
LACRIMÓGENA*
Atención:
ES PELIGROSA SU UTILIZACIÓN DESPUÉS DE LA FECHA DE VALIDAD
FAB: ABR/2008
VAL: ABR/2013 *Texto tomado del cartucho de la bomba lacrimógena recolectada por José en Chacao el 16 de febrero de 2014. #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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albertopoggioli Repost from @rmtf Fabián va a vivir con tres perdigones en el cuerpo, uno muy cerca de la columna. Su ropa en total tiene siete perforaciones. A quemarropa. Por la espalda.
Después de ver cómo la Guardia Nacional agarró a dos fotógrafos, no quiso ser el tercero. Bajó su cámara y corrió. Sintió el calor del disparo en el cuerpo.

Su bisabuelo, en Hungría, fue fotógrafo. Su abuelo, quién vino a Venezuela huyendo de los nazis primero y del comunismo después, fue fotógrafo personal de Pérez Jiménez en los años cincuenta. Su padre hizo fotografía aérea para el extinto Ministerio de Agricultura y Cría.
Fabián no es fotógrafo. Aunque hace y sabe cómo hacer muy bien todo lo relativo a la fotografía de conflicto, sólo intenta tener un registro de lo que pasa en el país. "¡Entreguénlo, entreguénlo!", gritaba la Guardia Nacional a los vecinos que lo socorrieron mientras manchaba de sangre todo el lobby de un edificio de Chacao.

Nunca exigieron las fotos, lo querían a él.

Los vecinos hicieron resistencia, no lo entregaron. Gasa y alcohol.

Ese mismo miércoles, el 12 de febrero pero durante el día, estuvo en Parque Carabobo. Fotografió los candelazos de las escopetas, las ráfagas de armas automáticas, el momento en que sacaron el cuerpo de Bassil. Fotografió el horror que se vivió.

Cuando gritaron que dispararan contra el de suéter gris, su suéter gris, decidió irse. No tiene muchos amigos en Facebook, lugar donde publicó sus imágenes. Siente la responsabilidad de que sus fotos lleguen a un lugar donde sirvan como prueba de lo vivido.

Fabián llegó herido a Salud Chacao, manejando su propia moto. Una vez curado se permitió desmayar. - ¿Lo volverías a hacer, Fabián? - Sí, pero con chaleco antibalas"

La cuenta de los exámenes clínicos pasó de Bs. 20.000

Fabián no tiene seguro médico.

Fabián Schwaiger, 26, Licenciado en Computación #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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albertopoggioli Repost from @rmtf Con un papelón con limón, el miércoles 19 de febrero María Gabriela decidió cruzar la plaza Diego Ibarra. No lo logró.

Después de cuatro años yendo en metro al Ministerio Público, María Gabriela conoce muy bien las quincallas chinas del centro de Caracas. Sabe dónde comer golfeados, cuál es la mejor chicha y es amiga del portero de la Inspectoría del trabajo. Antes de ser estudiante de Derecho no había puesto un pie en la zona, le tenía miedo.

Ahora el centro de Caracas lo siente como patio de casa. De hecho, el centro de Caracas ha servido de puesta en escena para que muchos la piropeen por sus ojos claros: “Angelito ¿te caíste del cielo?”; “¿Te diste duro cuando te caíste, mi amor?”; “Esos ojitos bellos que tú tienes”. María Gabriela mide un metro cincuenta y tres y pesa cuarenta y ocho kilos.

Veinte hombres la rodearon sin amabilidad y con disciplina. La humillación verbal fue un patrón cumplido a cabalidad. Empujones. Sensación de muñeco, de juguete, de ser el payaso del circo. Esta vez no hubo piropos. − ¡Eres una sifrina de mierda!

Y entonces el mundo se reduce a eso. Resulta que los genes del abuelo alemán que llega huyendo de la Segunda Guerra Mundial son la clave para el prejuicio. Sus ojos verdes no entienden al pueblo ni al barrio, le aseguraron. − ¡Soy tan venezolana como tú y el centro de Caracas nos pertenece a todos! − ¡No, tú no perteneces! ¡Vete, que no mereces estar aquí!

Y los empujones aumentaron.

La Guardia Nacional observó todo desde el otro lado de la calle. Sólo contempló. No actuó. María Gabriela, por su parte, sintió que ese día perdió el centro de Caracas. Perdió el papelón con limón. Perdió la sentencia. No tuvo la última palabra. Ganó el miedo.

Maria Gabriela Galavis Lerbs, 25, abogado ( derecho laboral) #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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albertopoggioli Repost from @rmtf “Esta mañana lloré temprano, después salí a visitar a mis amigos por Petare, Lebrún y Campo Rico, amigos míos y de Roberto mi hijo, algunos no sabían nada. Ellos se arrecharon y me pasaron la arrechera a mí, entonces dejé de llorar y digo, estoy arrecho, a mí no me va parar nadie ahora”

Dos motorizados con cascos integrales y a mansalva según los presentes, mataron a Roberto Redman (31) de un disparo directo a la cabeza. “Mi hijo no quería ser un héroe nacional ni un mártir, sólo estaba tratando de hacer algo por el país”

Roberto Redman era de poco hablar, mucho Ávila, empleos varios y una única meta: ser piloto.

En diciembre recibió la licencia después de tres años de ahorro familiar; ahora comenzaba la espera de un avión que necesitase un copiloto. “¿Sirvió de algo muerte de Roberto?” “ Aparentemente logró unir a una cantidad de gente que era apática en cuanto a lo que hay que hacer para tener una democracia y libertad. Eso espero. Roberto era mi hijo y compañero, andábamos mucho juntos. Este domingo jugamos cuatro horas bowling en Mampote”

Los hombres de la familia Redman no lloran mientras velan a los muertos, eso es un hecho comprobable.

Derek Redman, 77. Vendedor #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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Normal Alberto Poggioli
albertopoggioli Repost from @rmtf Esther sintió algo que nunca antes había sentido, un tiro.

Entró y salió la bala por la pierna sin tocar hueso, vena o arteria, aunque muy cerca de la femoral, como todos los cuentos de los que sobreviven. La bala aparentemente 9mm, es decir arma corta.

Esther nunca entendió por qué le habían disparado a ella. Ni vio quién lo hizo ni desde dónde. Lo que sí sintió fue vergüenza, venezolanos disparando contra venezolanos. No sintió miedo. La ayudó una gente por la que todavía cree en el país; la protegieron en un edificio, la hicieron ver por un médico, la cuidaron y la escoltaron hasta un taxi en la Av.Bolivar. “¿Cómo le aviso a mi papá?”, se preguntó.

El papá de Esther vive exilado en EUA desde 2003, Hugo Chávez lo despidió por televisión en abril de 2002, era Gerente de Planificación y Control de Finanzas de PDVSA. El abuelo de Esther fue vigilante de PDVSA, en “el país bonito, el país de las oportunidades”

La casa rosada de Esther está detenida en 2003, vive sola con su hermana en la calle que hasta hace muy poco, era la más peligrosa de Las Palmas. El Volkswagen Gol tiene un caucho espichado, no tiene batería, ni retrovisor, lleva un año esperando por un repuesto que probablemente nunca llegará. La otra casa de Esther, la de la infancia, la de la playa, le tocó vaciarla el domingo, la vendió.

El domingo desprenderse de los recuerdos, el miércoles el tiro. “Morir en una marcha es parte de nuestra realidad, nuestro día a día, salir de tu casa y morir es cotidiano. No me voy de Venezuela, aunque tengo todo para hacerlo, soy ciudadana norteamericana, soy parte del problema y parte de la solución”. “¿Qué te duele Esther?” “Me duele el miedo que todos tenemos, el miedo que viene desde lo invisible”. Esther demora en llegar hasta abrir la puerta, tanto de bienvenida como de despedida. Cojea, le duele la pierna, la tiene morada pero no le gusta vérsela. Le da grima. “Me preocupa que hoy es el día de los enamorados y que olvidemos lo que debemos hacer” *Esther 31, Comunicación Social, inconclusa. #sosvenezuela #venezuela #oeacomplice
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